Ene 22

DESPIECE DE RECUERDOS: LA MATANZA

Posted by in España

En mí casa la matanza era un ritual extraño en el que se arremolinaba un montón de adultos en torno a un director de escena que pedía aguardiente y sacaba parsimonioso un cuchillo bastante largo arropado entre trapos viejos. En esa lucha, en la que siempre había alguien que no era capaz de sujetar bien una pata del bicho, el matachín era más protagonista que el cerdo. Con 6 – 7 años yo recuerdo la matanza viéndola a escondidas mientras un montón de gente se preparaba como lo hacen los futbolistas para salir al campo, dándose palmaditas y con miedo de que el cerdo ganase el partido.

En mí casa la matanza era un ritual extraño en el que se arremolinaba un montón de adultos en torno a un director de escena que pedía aguardiente y sacaba parsimonioso un cuchillo bastante largo arropado entre trapos viejos. En esa lucha, en la que siempre había alguien que no era capaz de sujetar bien una pata del bicho, el matachín era más protagonista que el cerdo. Con 6 – 7 años yo recuerdo la matanza viéndola a escondidas mientras un montón de gente se preparaba como lo hacen los futbolistas para salir al campo, dándose palmaditas y con miedo de que el cerdo ganase el partido. Como los toros, también había cerdos que se ganaban un indulto.

Recuerdo el olor del pelo del cerdo chamuscado, el rebusque por el suelo de las pezuñas desprendidas por el calor, o como lo tocaba después a mi antojo, cuando estaba abierto y colgado, quedándome algunas veces con un diente de recuerdo, y aprendiendo anatomía antes de verla en los libros. Una anatomía que se desparramaba después en el cajón de la sal y en los cocidos de domingo a domingo, que acompañaba con gaseosa La Pitusa, y un chupito de vino Sansón al terminar.

La costilla salada que se relamía hasta el hueso, la patata esmagada con la verdura oscura, la oreja y el rabo infinitos y los trozos descosidos de carne, la gelatina de las patas y un poco de pechuga de pollo, todos esos elementos se iban sacando de una gran olla granate a rebosar de agua en la que se rebuscaba un puñado de habichuelas como se cogen los pececitos en los acuarios. El único que se libraba de ese baño era el chorizo traicionero, que iba a parte y siempre salpicaba al pincharlo y repetía por la tarde cuando jugabas en un camino solitario, y se escuchaba a lo lejos la retransmisión de los partidos de fútbol.

El tiempo se traga los chillidos de la matanza que iban salpicando el barrio como campanadas de carne, y te sorprendes poniéndole fecha en el calendario a la matanza tradicional de Lalín para ir a verla (el 31 de este mes en la parroquia de A Xesta). Y cuando se es de una generación que tiene un pie en el aire y otro profundamente atascado en la tierra, hasta encuentras emocionante el despiece de un cerdo. Es inquietante pararse a conocerse uno mismo. El vídeo: visto en Capítulo 0.

The Pig & The Butcher from Quarter Productions on Vimeo.

%copyright%
Lee del artículo original:
DESPIECE DE RECUERDOS: LA MATANZA

You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

One Response



Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.

  • Enlaces